Una de las artimañas más eficaces y sutiles del enemigo de Dios y de los hombres, es el desaliento. No lo ves venir, parece al principio como si no estuviera, pero de repente se instala en tu vida y todo pierde brillo, se ausenta el entusiasmo, pierdes la esperanza, nada parece hacer sentido y tu te sientes derrotada, confundida. Haz un alto y reconócelo, pónle nombre y quítale la máscara. No es un desconocido, te ha visitado varias veces y lo has invitado a salir otras tantas. Pídele que se vaya y cierra bien la puerta. Llénate de la alegría de saber que no luchas sola. Este momento pertenece a la eternidad. No lo dejes perder, recupera tus 60 minutos, tu día, el tiempo que hayas invertido en pelear esta batalla desigual…recupera tus fuerzas de vencedor y ve adelante. Sigue soñando, construyendo, haciendo planes y te asistirá esa fuerza de lo alto que siempre viene en tu auxilio. Lo ha hecho antes, lo ha hecho siempre. Hoy también lo hará…ánimo!!!!