Sólo miro atrás para recordar las cosas hermosas, los momentos especiales que he vivido, y que vuelven a ser motivación e inspiración para mi vida presente. No guardo archivos de lamentaciones, ni de reproches improductivos. No me castigo por mis errores o por aquellas cosas que dejé de hacer. Vivo mis días haciendo lo que me toca y cuando me toca. No me queda tiempo para hurgar en la vida de los demás y mucho menos juzgarlos. Me he ejercitado para tener un pensamiento flexible que me ha ayudado a mejorar la convivencia con los que tengo más cerca y a aceptarlos como son. Ya no trato de imponer mis opiniones ni de que otros hagan lo que yo quiero siempre. No guardo rencor a aquellas personas que me han querido dañar…pues quizás han penetrado mi piel pero no mi corazón. Creo que son algunas de las razones por las que a pesar de cualquier tormenta o ventarrón, mi casa interior está en paz.