Vivo bastante apartada de la ciudad y me encanta. Cero ruidos, poco tráfico, muchos árboles, pajaritos por la mañana….Las casas están bien separadas unas de las otras, por lo que la vida de mis vecinos y la nuestra, se mantiene en estricta privacidad. Por eso esta mañana , me sorprendió escuchar a todo volumen las canciones de Sandro de América..primera vez que mi vecino deja salir de sus paredes su gusto por la música….era una invitación abierta a la nostalgia y pude intuir que hasta a la tristeza….en lugar de molestarme por ese “ruido”, elegí hacerme cómplice de su momento…me sentí cerca de él y cuando lo vi salir en su carro un poco más tarde, supe que esa descarga musical había valido la pena, porque su sonrisa delataba que ya se sentía mucho mejor!!!