Cómo encuentro el balance en un mundo que cada vez está más dividido, más injusto? Cómo quedarme indiferente al ver como tantos continúan sus vidas sin mirar al lado, sin compadecerse, sin importarle la miseria del otro y lo que es peor, exhibiendo sus carruajes?
Aunque sabía que tenía que llegar ese día, no sabía cuándo ni cómo sería . No fue de repente, fue un proceso de vivir más consciente de mis realidades, de mis situaciones particulares y de darme cuenta lo poco había hecho para construir la vida que tenía y que más del 90 por ciento me había sido dado: la vida, mis padres, el país en que nací, la familia en la que nací, los hermanos que tuve, el tipo de sangre, mi condición genética, el color de mi piel, mis capacidades intelectuales, mi cuerpo con todos sus órganos, el poder hablar, caminar, sentir, oler y gustar; en fin darme cuenta de que fui creada y que sólo podía hacer algo a partir de lo que ya existía y que pocas de esas realidades podían cambiar, sólo podía tratar de vivir la vida de la manera más digna posible y tratar de merecer todas aquellas distinciones de las que había sido objeto al nacer.
En todos estos años que he vivido solo he podido aportar a mi vida cosas materiales que he ido acumulando y desechando conforme termina su ciclo; ninguna ha permanecido conmigo tanto como mis manos o mis pies, o mis pulmones o mi corazón…durante todos los años que tengo de vida, las cosas materiales han sido instrumentos momentáneos de placer, disfrute y a veces hasta de dolor.
No se exactamente cuando fue que sentí el pinchazo en el pecho, pero algo me dolió y tuve que detenerme; en esa parada conocí a alguien que transformaría mi vida y me haría re-pensarla por completo: Jesús. Fue un verdadero flechazo y vino directo del cielo!
Desde ese momento dejé de ser indiferente. Ese flechazo cambió mi forma de ver la vida, las cosas, las personas y acontecimientos. A partir de ese día tuve que pensar dos veces antes de hablar, pues hería duramente con mis palabras. También tuve que salir de mi zona de comodidad y asumir el sacrificio como una prueba de amor verdadero y fuente de gozo sincero.
Tuve que soltar el control: ya mi vida tenía un nuevo guía con pleno conocimiento de hacia dónde debía dirigirme y aunque todavía me cuesta, siento que cada día mi confianza aumenta, mi decisión de seguirlo es cada vez más fuerte y los frutos de esta obediencia recién descubierta se hacen cada vez más palpables.
En este proceso también me tocó reconocer mis equivocaciones y asumir estas experiencias muchas veces dolorosas, como una forma de crecimiento que lograría prepararme para las próximas experiencias que habría de vivir.
Aún no termina este proceso; soy una obra en construcción, en manos del mejor ingeniero. Me construye a fuerza de pruebas y de amor. Esta es la vida que me ha tocado. Para mí la mejor. No la cambio por ninguna.