No sé exactamente la fecha de cuando comenzó, pero se como comenzó y el momento que me motivé a empezar mi colección de cruces que a la fecha está cerca de las 200, de diferentes formas, tamaños, procedencias, materiales, etc.
Estaba de visita en casa de mami, en su habitación, y como si no lo hubiera visto nunca antes, me levanté de la cama y fui directo a una pared pequeña que ella tenía a la entrada y donde habían unas 6 o 7 cruces colgadas una al lado de la otra, se veían preciosas y me llamó mucho la atención. No se como no habia reparado en ellas antes. Ya me había evangelizado en el Buen Pastor en el 98, así que fue más o menos por el año 2000. Ese encuentro con Jesús, me hizo más atractiva la cruz, pues ya no era un objeto de decoración, sino que ya significaba algo para mi, algo más profundo y misterioso.
Me quedé un rato ahí mirándolas como si fueran una obra de arte y admirando lo lindas que se veían….yo que colecciono entre otras cosas muñecas, cafeteras, rosarios, cd’s, libros, libretas ,santas, y más, recordé que también tenía algunas cruces en la casa y decidí que iba a comenzar mi colección inmediatamente.
Mami ni corta ni perezosa, decidió que ella me iba a regalar una de las que tenía repetida ( una costumbre de comprar varias cosas de lo mismo cuando nos gustan mucho que heredé de ella), para ayudar en ese inicio y me pareció maravilloso. Me fui super entusiasmada a mi casa con mi nueva adquisición.
Llegué a la casa y comencé a rebuscar por todos lados todas las cruces que pudiera encontrar incluyendo dijes de crucifijos que guardaba en el joyero y entre una y otra sume unas 12 cruces que colgué en la pared de mi estudio dentro de mi habitación. Cuando se comenzó a regar la voz de que me gustaban las cruces y comencé a traer en todos mis viajes cruces de todas partes, la colección comenzó a crecer rápidamente al punto de que la pared de mi habitación le quedó pequeña y tuve que buscar un lugar más grande para colocarlas.
La idea de ponerla en la entrada de la casa surgió una semana santa porque yo colocaba un área de oración en ese espacio que durante ese tiempo no se usa mucho, y ahí podía pasar un buen tiempo en contemplación del misterio sin ser molestada. Eso lo hice por dos o tres semanas santas antes de que las cruces bajaran . Esa semana santa, preparando ya el lugar para montar mi monte tabor con una de las cruces doradas grandes que mami trajo de Taiwan y que luego tambien me regaló, decidí que iba a bajar todas las cruces a la pared de fondo para ambientar mejor todo el espacio.
Se veían tan hermosas y se lograba tan bien la atmósfera que yo quería para ese momento y fueron tanto los frutos de esos ejercicios espirituales ese año, que quedó definido que las cruces serían las nuevas inquilinas de la entrada desde ese momento y en lo adelante.
Esa pared tiene efectos diferentes en las personas. A las personas de fe, les encanta y les motiva a comenzar su propia colección, se detienen a verla y se maravillan de su belleza, detalles e historias. A los amigos de mis hijos les asusta, dicen que les da miedo y la sienten tenebrosa. Claro a esa edad, la cruz es símbolo de dolor y verguenza nada más y hasta de burlas si les dejamos. Les falta vivir un poco para entenderla mejor.
Pero definitivamente el mayor impacto de las cruces ha sido en mi vida. No sólo de manera simbólica sino de manera real. Me he hecho amiga de la cruz. No le temo, no le huyo; me acerco y cargo la mía cuando me toca. Una por día, no más. Es un exceso tratar de lidiar con más. Si puedo ser cirineo para otros , también les ayudo mientras puedo. La cruz es signo de victoria en mi vida y recordatorio del que dio su vida por mi en el madero.
Me he propuesto una misión antes de fin de año: completar 365 cruces para poder tener una para cada día como dicen las escrituras. Será una herencia interesante al menos para mi misma, poder recordar que la cruz tiene todo el sentido cuando la cargamos por amor al crucificado.